11 Feb 2015

                                           

No era nada, te tenia de frente, junto a ella.  Nunca imaginé que los volvería a ver así, quise guardar esa imagen para siempre.

 

Desperté y no estabas, en mi mente trataba de imaginar cada una de tus palabras, tus gestos o incluso tus manías…  Nada, No había nada que pudiera recordar, con esfuerzo podía dibujar tu rostro, pero todo lo demás estaba oculto entre sombras y desenfoques.

 

Recuerdo el día en que Aly y yo quemamos la cocina, las gotas de plástico encendidas parecían estrellas fugaces y su luz desaparecía  mientras caían en el balde con agua. No sé quien fue, sólo recuerdo que una pequeña  flama comenzó en la alacena, intentamos apagarla con el agua del balde, pero era  como querer guardar todas las estrellas en un frasco.  Corrí a su cuarto y no quisieron escuchar,  les parecía una broma. Los bomberos nunca llegaron y pudiste apagar el fuego después de que de tanto insistir te levantaste de la cama.  Recuerdo al vecino de los rottweiler tratando de tranquilizarte, los muebles quemados, el garrafón de agua que quedó como fuente e incluso el microondas derretido, pero no te recuerdo a ti, ni a tus gritos o tus golpes.

En diciembre fuimos a la playa, las olas mojaban mis pies mientras me preguntaba porque no estabas ahí, después de todo vivíamos en la misma casa y nuestros viajes siempre eran juntos, no entendía porque no querías estar con nosotros.  Al regresar a casa encontramos nieve sobre la ciudad, las plantas se habían quemado, las calles parecían espolvoreadas con azúcar glas y nuestro hogar estaba frío, solo, deshabitado.

 

Nos mudamos a la casa que Ella compró, las tardes eran tranquilas, las mañanas apresuradas y las noches largas, sólo estaba yo en casa para cuidar de Ella y de Aly, dormir sobre el espejo no era la opción más razonable para cuidar de una familia rota.

 

¿Recuerdas cuando quisiste regresar? Llegabas cada tarde, sin previo aviso y con una luz inmensa en la cara, tu camioneta encerada y tu camisa almidonada, todo parecía normal de nuevo, pero Ella nunca volvió a creerte una palabra. Ésa noche, la última noche, llegaste con rosas, la saludaste, cargaste su cuerpo y la llevaste hasta la sala, sus dos rostros brillaban, ni el brillo de la luna se acercaba a esas miradas, pero comparado a lo que hiciste, eso por lo que te fuiste, No era nada un ramo de rosas, ¡no era nada! te tenia de frente, junto a ella, imaginé que nunca los volvería a ver así, quise guardar esa imagen para siempre; tomé las pastillas que tenía en el cajón, esas que Ella siempre usaba cuando no podía dormir por pensar en ti. Había visto en televisión que con ellas podías dormir eternamente, no recuerdo cuantas tomé, sólo sé, que llorando me acosté, dispuesto a dormir mientras todo se tornaba borroso y oscuro. Maldigo la hora en que desperté en ese cuarto blanco, con tubos en el cuerpo y Ella recostada en el sillón, pero Tú (como siempre) no estabas.

He intentado llenar todo eso que dejaste vacío; las historias que faltaron por contar, los abrazos, las sonrisas, los regaños, y sí, también los golpes, pero todos sabemos que no hay dos demonios iguales.

Hay días en que no te recuerdo, días en que creo que todo va mejor, pero es tu culpa esta soledad que devora cada una de mis utopías, que se queda conmigo junto al pensamiento fatalista de que en cualquier momento alguien más se irá, este sentimiento que llega con cada sombra. He pensado en las pastillas, las navajas, las cuerdas y los puentes, en cada una de esas opciones aparece el miedo de volver a fallar, de despertar nuevamente en aquel hospital e incluso de soportar al estúpido psicólogo que nunca pudo hacer más.

Hay días en que te recuerdo y no me importa donde estas.

Escrito por @blue_gumo

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